Programación en Lenguaje Ensamblador

-El Verdadero Lenguaje de las Máquinas-

Outlaw v.s. Kid

–Las desventuras de los programadores imberbes–

En otra vieja nota titulada La Escuela y la Cantina se hacía una comparativa entre el mundo de la tecnología y la colonización del salvaje oeste y como buena parte del avance en estos campos se debe en gran medida a violentos forajidos mientras que la gente de bien disfrutaba de las tierras que estos mismos pistoleros les habían arrebatado a los pieles rojas o a otros granjeros incautos. En esa nota se describió la andanza de estos tan temidos como admirados personajes y su equivalente en el mundo de la programación. Pero en esta nota se va a discutir sobre otro tipo de personaje con el que me he topado mucho los últimos años en internet, un tipo de emprendedor de la programación al que he clasificado como “The Kid”.

Este término (que no voy a repetir por miedo a que los buscadores de internet lo malinterpreten y me traigan visitantes indeseados) lo saqué del Western de los años noventa llamado “The Quick and the Dead” y se trataba de un personaje que era el hijo adolescente del villano principal y dueño absoluto del pueblo. Y aunque no tenía verdadera necesidad de empuñar un arma estaba decidido a convertirse en un temible pistolero para obtener el respeto que consideraba merecer. Y aunque a a la distancia esta clase de pistoleros inberbes puedan confundirse con los forajidos la verdad es que hay enormes diferencias entre ambas clases.

A diferencia de los auténticos forajidos, estos otros en su origen son personas de bien, con un nivel muy bueno de educación y muchas oportunidades de empleo. Son apreciados por la gente de la sociedad a la que pertenecen y no se meten en problemas con nadie. Entonces ¿Porqué alguien con una vida tan apacible y un futuro tan prometedor decide empuñar las pistolas, montar su caballo y galopar hacia las tierras malas a confrontar el peligro? Las respuestas son muchas, unos lo hacen por fama y respeto; otros por simple ambición monetaria y algunos mas por la simple búsqueda de aventuras o por eso que los poetas y los escritores de anime llaman perseguir sus sueños. Ahora veamos como lo hacen:

Una noche uno de estos personajes se encuentra sentado en la plaza contemplando las estrellas cuando decide que la vida debe de ofrecerle algo mas que asistir a la escuela, trabajar en una oficina (y no en una granja) e irse de fiesta. Se pregunta como será abandonar su pueblo e ir en busca de aventuras como las grandes leyendas del oeste. Por lo que hace un plan: A la mañana siguiente se reune en el patio de la escuela con los que considera los mas rudos de sus amigos y les dice que sería divertido organizar una expedición a las tierras baldías en busca de oro y emociones fuertes. Así que reunen todo el dinero que pueden y compran muchas provisiones, los caballos mas rápidos que encuentran y por supuesto hacen una visita a la tienda de armas. Donde compran las mejores pistolas que pueden pagar, pues saben bien que su sobrevivencia depende de estos letales artilugio. Esa tarde se van a las afueras del pueblo a practicar su puntería con botellas viejas y algunos hasta matan a algunas alimañas del desierto para demostrar que son tiradores de sangre fria. De noche regresan a sus casas y les cuentan a sus seres queridos sus grandes planes y como cuando regresen van a ser conocidos como los pistoleros mas temibles y adinerados de todo el salvaje oeste. A la mañana siguiente el pueblo entero se reune para verlos partir. Estos crios se despiden de sus novias, dan algunas declaraciones al periódico local y parten a todo galope en dirección contraria a donde sale el sol.

Creo que para este punto ya todos han de imaginarse lo que le sucede a esta partida a los pocos días de haber abandonado el pueblo. Así que voy a comenzar por lo menos obvio. Puede que se les haya acabado la comida, que pierdan el rumbo y vaguen por el desierto. Que los caballos se enfermen por no saber como cuidarlos o que incluso algunos de ellos hayan contraido una infección seria por beber agua contaminada. Aún tomando en cuenta que hasta entonces no hayan tenido un enfrentamiento con bandidos o guerreros comanches y en el momento en que lleguen a encontrárselos lo mas probable es que intenten hablar respetuosamente con ellos antes de disparar y cuando realmente llegue el momento en que tengan que disparar contra un ser humano lo mas probable es que titubeen algunos segundos antes de jalar el gatillo y eso les cueste la vida. En fin, la mayoría de estos aprendices de maleante van a terminar muertos o intentarán regresar a su pueblo a toda prisa y otros pocos (pero muy pocos) lo mejor que les puede pasar es que acaben disparándole a quien no debían y luego sean perseguidos como criminales. Destino que no era precisamente el que ellos esperaban al inicio de su viaje.

Lo siento pero…
…es la Ley del Oeste

Ahora veamos porqué estos simpáticos personajes terminan tan mal. Su primer error es pensar que el salvaje oeste se rige por las mismas reglas de urbanidad que las ciudades civilizadas. Que pueden tratar con cortesía a los desconocidos y esperar que ellos los traten del mismo modo, que su status social va a protegerlos también en los desiertos deshabitados y que como gente civilizada que son nunca comerían algo que mataran o arrancaran de la tierra con sus propias manos. Olvidan que para sobrevivir en el oeste requieren de habilidades muy pero muy específicas. El saber leer puede ayudarles a entender los letreros del camino y no perderse pero casi todos ellos creen que si les muestran su diploma de la escuela a los pieles rojas estos van a arrodillarse ante ellos a adorarlos como dioses y ofrecerles humildemente todas sus riquezas. O bien pueden ser lo bastante ‘rudos’ como para intentar apaciguar a un bandido con palabras y gestos ‘asertivos’ pero toda esa personalidad no los va a hacer a prueba de las balas. Con frecuencia olvidan que ya no están en un sitio civilizado y lo único que cuenta donde están es disparar primero, dar en el blanco y resistir con poca agua y comida. Nadie les va a preguntar el donde o como obtuvieron esas habilidades ni habrá autoridades cerca que les exijan sus documentos para seguir su camino en las tierras malas.

Lo mas interesante de este tipo de aventureros es que son un primer intento de imponer algo de civilización en la tierra de nadie. Por eso mismo ellos desprecian a los auténticos forajidos y los consideran vagos ignorantes y apestosos y como es de esperarse ambos intentan matarse cada vez que se cruzan sus caminos. Pero. ¿Qué pasaría si en lugar de despreciarlos decidieran hacer equipo con ellos? Si ambos se pierden ese prejuicio mutuo y hubiese una verdadera confianza el forajido podría enseñarles a sobrevivir en la tierra de nadie y hasta los defendería de sus múltiples amenazas y a cambio los chicos de ciudad les ayudarían a obtener los beneficios de la civilización a los que ellos no pueden acceder por ser fugitivos. Pero ya hablé demasiado de historias de vaqueros, ahora vamos a ver como todo esto se replica en el mundo de la programación.

Primero la programación era un territorio sin ley. Ahora ya hay muchas partes colonizadas y se están dando muchos casos de estudiantes o profesionistas jóvenes que pretenden iniciar un emprendimiento de tecnología. Como es de suponer las mejores oportunidades se dan en ramos de negocios no consolidados. El problema es que cuando estos entusiastas se organizan creen que para tener éxito en territorio de nadie hay que cumplir con los mismos requisitos que en las áreas consolidadas o como dicen los abuelos “trabajos serios” Como se trata de territorio nuevo, no existen escuelas que capaciten profesionistas en las especialidades que necesitan y hay muy poca gente o en algunos paises ninguna que realmente tenga experiencia laboral en esas áreas. Entonces lo que esta gente hace es buscar de entre lo que ellos consideran lo mejor, gente cuya profesión se parezcan (o que ellos creen que se parezcan) lo mas posible a lo que creen que necesitan. Por lo que lo primero que hacen es poner la barra lo mas alto posible para que solo puedan entrar (los que ellos creen que son) los mejores. Al final terminan dándose cuenta de que su fabuloso dream team es incapaz de cumplir con las exigencias en los tiempos establecidos y terminan como el caso narrado al principio de esta entrada.

Hablando en mi experiencia personal, en mi adolescencia probablemente comencé como un “The Kid” pero luego de un sinfin de eventos oscuros acabé convertido en el Outlaw que soy ahora. Aunque en los últimos tiempos me he encontrado con otros emprendedores a los que casi les doblo la edad. La mayoría me desprecia antes de conocerme y me teme después de hacerlo. Pero hay un grupo reducido de estos valientes con los que he estado trabajando los últimos meses y hasta puedo decir que las habilidades de unos han complementado muy bien las debilidades de otros. Actualmente tienen (o debería decir tenemos) un interesante proyecto que se va a presentar a finales del verano.

La moraleja de esta historia es que no hay que juzgar las habilidades por ningún otro parámetro que no sean las habilidades mismas. Puedes acabar contratando a un incompetente y cerrándole la puerta en la cara a alguien que podría salvarte. O peor aún, podrías conseguirte a un enemigo muy poderoso.

mayo 27, 2011 - Posted by | Uncategorized

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